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Las diferentes causas de la aparición de bultos en el pecho

La aparición de bultos en el pecho nos lleva a menudo a pensar en el cáncer de mama. Es una reacción lógica, y es cierto que siempre debemos estar atentos a los cambios en nuestro cuerpo que nos puedan indicar que hay un problema. Sin embargo, también es importante tener en cuenta que la gran mayoría de bultos que aparecen en el pecho no son sinónimo de cáncer.

Especialmente en mujeres de edad fértil es muy habitual la aparición de bultos, sobre todo ligados al ciclo menstrual. En la mayor parte de los casos ni siquiera es necesario su tratamiento, puesto que suelen desaparecer por sí mismos. Así, entre los 18 y los 40 años, la aparición de bultos en el pecho será algo normal. Si aparecen en personas de más edad, es más probable que haya algún problema, aunque tampoco tiene porqué ser así.

Lo más importante si detectamos un bulto sospechoso en las mamas, es consultar con nuestro médico cuanto antes. En el caso de que se tratase de un cáncer, la rápida detección es fundamental.

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Causas de los bultos en el pecho

El cáncer de mama es sólo una de las muchas causas por las que se pueden producir bultos en el pecho.

Quistes: son bultos, normalmente de forma circular, que contienen líquido dentro. Lo más habitual es que desaparezcan solos. Si se hacen grandes pueden llegar a ser molestos e incluso producir dolor, por lo que podría ser recomendable drenar el líquido. Una manera de reducir estas molestias es utilizar sostenes adecuados, que sostengan bien el tejido mamario, y también, según algunos estudios, la disminución en el consumo de sal y cafeína.

Si parte del quiste tiene forma sólida o firme, puede que sea algo más que un quiste y, por lo tanto, mejor consultarlo con el médico.

Fibrosis: se produce cuando el tejido fibroso se junta, lo cual puede suceder en la mama, que aparecerá con grumos. Pueden surgir uno o varios; por lo general, desaparecen solos y no requieren tratamiento médico.

Lesiones: algunas lesiones en el tejido o los nervios mamarios (necrosis grasa), o la acumulación de líquido infectado (absceso) pueden provocar también bultos en el pecho.

Tumores: aquí encontramos dos tipos, los benignos (más comunes) y los malignos.

  • Fibroadenomas – son tumores benignos. Suelen ser bultos en el pecho que crecen. Una mamografía o una ecografía determinará de manera fácil si es benigno o no.
  • Cáncer de mama – los tumores malignos, además de que pueden (o no) manifestarse como un bulto en el pecho, por lo general conllevan otros cambios visibles en la mama, como rojeces en la piel o la secreción de líquido por el pezón.

Tipos de bultos en el pecho

Los bultos en el pecho pueden tener diferentes formas, manifestarse de diferentes maneras. El tejido mamario es de por sí fibroso, por lo que al palpar los senos pueden parecer abultados, incluso puedes notar dolor en el pecho al realizar la palpación, pero debes tener en cuenta que es probable que desaparezca con el periodo menstrual.

Cuando localicemos bultos en el pecho, tenemos que mirar si se trata de:

– Bultos redondos y lisos, como si fuera una bola (probablemente un quiste).

– Bultos sólidos que se pueden mover por debajo de la piel (puede ser un fibroadenoma).

– Bultos duros de forma irregular. Podría tratarse de un tumor maligno, especialmente si van acompañados de cambios en la forma de la mama, la piel y el pezón.

  • Una de las mamas tiene una forma distinta o es de diferente tamaño.
  • Piel con forma de piel de naranja y/o irritada, con rojeces. Cambio en la textura, sobre todo alrededor del pezón.
  • Cambios de forma en el pezón, especialmente si se invierte o aplana de repente. Secreción de líquido.

Autoexploración de mamas

Siempre se suele recomendar prestar más atención a las mamas a partir de los 40 años, pero lo cierto es que el reconocimiento mamario debería forma parte del control ginecológico regular.

Es fundamental conocerse. Para poder detectar cambios en él, debemos saber cómo es nuestro cuerpo. La autoexploración mamaria debe ser un procedimiento rutinario, que se lleve a cabo con cierta frecuencia. Apenas son unos minutos.

Lo que estaremos buscando son bultos en el pecho pero, sobre todo, porque es más preocupante, cambios en la forma de la mama o el pezón.

PASO 1 – Nos colocamos frente a un espejo, con los brazos estirados y giramos de cintura a un lado y otro para ver si detectamos algún bulto o vemos piel enrojecida o con forma de naranja. Nos ponemos rectas delante del espejo con las manos en la cintura y observamos de nuevo si hay bultos o distorsiones en la piel/pezón.

PASO 2 – Levantamos los brazos para ver si la forma y tamaño de los pechos es igual, vemos si se elevan de la misma manera.

PASO 3 – Con la mano derecha exploraremos la mama izquierda y al revés. Levantamos el brazo de la mama que vayamos a explorar y con la yema de dos dedos vamos haciendo círculos en línea recta desde la parte exterior hacia el pezón. En distintas pasadas, recorremos toda la mama. Apretaremos los pezones para ver si se produce algún tipo de secreción.
Para acabar, palparemos las axilas, puesto que muchos tumores se producen en la zona más cercana a las mismas.

Cualquier cosa que se salga de lo normal, no dudes en consultar a tu médico.

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